Cruce Tandilia, Argentina (Vertical + 30 km en 2 etapas)

Llegué a Tandil invitado por Charly Centineo, organizador de la prueba, a quien le agradezco de corazón la oportunidad. Nos conocimos gracias a la entrevista en Mejor Correr de Dani Arcucci y Damián Cáceres —amigos que me deja Argentina— y enseguida la vida nos cruzó para que yo pudiera vivir esta experiencia.

Tandil, esa localidad bonaerense de sierras suaves y alma rural, me recibió con el bullicio propio de una fiesta deportiva. A mi llegada fui directo a la recogida de kits junto a Damián Cáceres, Ariel Islas, Fer Mengoni y Juan Delellis. Allí aproveché para entrevistar a varias personas y empezar a crear contenido a mi estilo, entrando como prensa porque mi misión era contar la experiencia de la carrera desde dentro. Había un ambiente increíble: más de 3.000 corredores listos para lanzarse a la aventura.

El alojamiento fue toda una sorpresa. Me hospedé en el camping Sierra Activa, un lugar hermoso que recomiendo a cualquiera que pase por Tandil. Allí me esperaba un domo entero para mí. Apenas dejé las maletas y salí, al mismo tiempo emergió de otro domo Esteban Páez, atleta de trail élite argentino en distancias cortas. Nos miramos y no pudimos evitar reír: nos habíamos conocido meses atrás en Quito Trail, Ecuador. Causalidades de la vida. Ese reencuentro hizo que enseguida estrecháramos lazos y compartiéramos todo el fin de semana. También estaba allí Damián Sosa, atleta de asfalto que debutaba en trail. Nuestras charlas, cargadas de espiritualidad y sinceridad, nos unieron con fuerza. Aquella primera noche ya se presentía especial.

Viernes: el KM Vertical

La experiencia de enfrentarme a un vertical por primera vez me tenía con los nervios a flor de piel. Eran unos 400 escalones que ascendían hasta un antiguo bastión, el punto más alto de la localidad. La prueba, corta pero explosiva, servía para restar segundos en la clasificación general al final de la competición.

Salí con euforia, animando al público, pero pronto el cuerpo me pasó factura. El pecho ardía, el ácido láctico me quemaba las piernas, y cada escalón se volvía eterno. Arriba me esperaba el aliento del “hombre corneta” y su pareja —dos amigos que conocí en el Cruce y con quienes tejí un vínculo muy bonito—, además de Esteban, que había llegado antes, y el Colo Mourglia, referente absoluto del running latinoamericano al que deseaba entrevistar. Tras una pequeña nota con Pablito Colombo, me di un masaje reparador y nos fuimos a descansar. Había sido una experiencia breve pero intensísima, divertida y agotadora (pero no sin antes ir a cenar a la fiesta que la organización montó… se las saben todas jaja).

Sábado: las sierras más antiguas

El día transcurrió tranquilo hasta la tarde. A las cinco tocaba la gran cita. Esa mañana aproveché para grabar una entrevista con Javier Barbis (director de la vuelta al lago Epecuén) y Dani Campomenosi (actor argentino) para su podcast Loop Deportivo. Charlamos y reímos mucho, y agradecí el espacio para poder contar mi historia.

Cuando se acercó la hora de la carrera, los nervios regresaron. Corríamos por las llamadas sierras más antiguas de Argentina: el Sistema de Tandilia, una formación geológica que se remonta a unos 2.200 millones de años. Son sierras bajas, redondeadas por la erosión, compuestas por rocas metamórficas precámbricas que forman parte del cratón del Río de la Plata. Caminar o correr allí es literalmente hacerlo sobre la memoria de la Tierra.

El ambiente en la largada fue inmejorable: himno y bandera argentina, el Indio Solari sonando de fondo y un mar de 3.000 corredores dispuestos a dejarlo todo. Yo seguía cansado de El Cruce y el calor de la tarde pesaba como plomo, pero salí con calma, dispuesto a disfrutar. El trazado me sorprendió con paisajes distintos a lo que había visto meses atrás, con una magia especial que se quedará grabada en mis recuerdos. Llegué a meta agotado pero feliz. Ese día, además, pude entrevistar al Colo Mourglia, cumpliendo un sueño que me dejó una charla inspiradora, así como, también, a los atletas élite Diego Simón y Maru Vázquez.

Domingo: cierre con emoción

El domingo madrugamos para la última etapa. A las ocho de la mañana estábamos de nuevo en la línea de salida. El recorrido cambiaba respecto al día anterior, lo que lo hacía más atractivo. El clima fresco ayudó y, aunque el cansancio seguía presente, me encontré mejor. Fue un día de paisajes hermosos y encuentros humanos que me conmovieron profundamente.

La llegada a meta fue emotiva, un abrazo con la vida. Me quedé un par de días más en Tandil para descansar, despedirme de Esteban y Damián, y saborear la calma de aquel lugar antes de tomar el bus a Buenos Aires. Centroamérica me esperaba, y en mi interior se mezclaban el miedo y las ganas de seguir adelante.

El Cruce Tandilia me dejó una certeza: si alguna vez viajas a la provincia de Buenos Aires, no puedes dejar de correr esta carrera. Es un regalo para el cuerpo, para la mente y, sobre todo, para el alma.

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