Bien es sabido que las cosas no suelen suceder como nosotros creemos, si no que vienen tal y como deben venir para que sigamos aprendiendo y descubriendo aspectos importantes en nuestro desarrollo.
Tal vez reconocer nuevas capacidades en nosotros mismos. O bien fortalecer algunos aspectos que ya conocíamos pero habíamos olvidado o, por el contrario, reconocer nuevas sombras para poder sanarlas.
Para poneros en contexto, La Cordillera Challenge es la primera y única carrera por etapas de El Salvador, un país hermoso en el que te sientes arropado desde el minuto uno por su gente. Hace unos años, todo su territorio estaba secuestrado por la violencia de las maras pero, hoy en día, es uno de los países más seguros del mundo, donde extraña vez muere alguien a causa de violencia criminal. Esto se nota en la alegría de cada salvadoreño/a. Ahora sienten el amor de la libertad y lo comparten con el mundo.
Bien, la carrera se compone de 3 días y 2 distancias (130 km u 80 km, versión larga y versión corta, para todos los gustos). Los recorridos son fascinantes porque nos llevan desde los volcanes más impresionantes que jamás hayas visto, hasta la playa en el océano pacífico, pasando por una cordillera verde y húmeda que hace las delicias de todo valiente que se atreva a enfrentar el reto.
Yo elegí los 130 km porque, ya que iba, pues no me quedaba corto. No obstante, si vuelvo… estoy pensando en hacer la versión corta, también muy divertida y juguetona. Pero esta entrada, además de poneros un poco de contexto, me va a servir para reflexionar acerca de una experiencia en concreto que paso a relataros.
La Cordillera Challenge supuso un revés para mis ideas de carrera pero una base muy sólida en la construcción de un nuevo Jorge; uno que ya no tiene miedo de decir lo que piensa, de mostrar el dolor que está sintiendo, uno capaz de superar las adversidades con filosofía y fortaleza física, espiritual y mental y en sentir que, al fin, dejó atrás un personaje que le anclaba a unos niveles de vibración disonantes acorde al presente que quiere experimentar.
La experiencia al completo es toda una aventura que recordar toda la vida y, pese a que todo fue fascinante, no lo fue tanto la sensación de perderme más de 10 km en el recorrido de la primera etapa. Recién iniciada, fresquito, rápido. Pero debido al boicot de una de las señales, me perdí, sí, pero…
¿Fue debido a esto o, tal vez, la responsabilidad fue mía?
Retrocedamos unas horas atrás, justo en el momento de la presentación del evento, donde se explicó cómo iba a ser la primera etapa y la organización nos recordó la importancia de llevar la ruta en el reloj por si alguien boicoteaba una marca (ojo al dato). Fue en este momento cuando pensé: “Bueno, mañana al despertar lo hago, antes de salir a desayunar”…
Procrastinación.
¿Resultado?
Cuando desperté, lo hice con prisas, porque ya no quedaba mucho tiempo para comer y prepararnos de cara al inicio de la competición. En todo ese movimiento, me di cuenta de que algo raro sucedía con el track porque no me marcaban los 42 km que íbamos a recorrer. Tan solo la mitad. Resulta que había descargado el correspondiente a la versión corta de la competición, pero yo participaba en la larga, no obstante, no caí para nada en que ese podía ser el error. De este modo, cometí la segunda imprudencia: “bueno, esperemos que nadie haya boicoteado las señales, confiemos”. Ay… querido, confiar es importante, pero más lo es ser responsable con uno mismo y atender a las cosas que hay que atender.
Pues bien, el resto es historia. Esta pérdida me llevó a una frustración muy grande, a una deshidratación que me hizo perder el control de mi cuerpo al 100% por la fatiga y, todo ello, a caer en una zona muy peligrosa del volcán de Izalco (un cono volcánico tremendamente inclinado), golpeándome varios lugares de mi cuerpo, incluida la cabeza y luxando, levemente, mi hombro izquierdo. Entré en estado de shock durante 5 minutos, por suerte acompañado del equipo de rescate presente en aquella zona.
Después de comprobar que todo estaba “bien”, seguí en ruta porque, realmente, me seguía sintiendo fuerte pese a todo lo vivido. A esas alturas de la carrera, de hecho, ya debía estar encarando los últimos km de la etapa, metido en el top 10 de la competición, pero así es la vida. Me entrené muy bien para ello y doy gracias, porque esto hizo que soportara semejante paliza sin dolor ni pensamientos intrusivos.
Y aquí es donde empecé a entender que ahora soy mucho más fuerte de lo que creía. Que puedo enfrentar retos mayúsculos si me lo propongo y que hay aspectos de mi que debo seguir revisando y cambiando, pues no me puedo permitir volver a cometer estos errores por falta de responsabilidad conmigo mismo.
Respecto al resto de la competición, no os voy a decir mucho más porque tenéis el documental enlazado abajo y las imágenes y mi voz expresan mucho más que lo que puedo transmitir con estas líneas, pero, sí, fue espectacular. Desde la organización hasta los paisajes, pasando por lo más importante: la convivencia con un grupo de seres humanos maravillosos.
Doy las gracias a Dios y al universo, así como a mi valentía, fortaleza y capacidad de seguir adelante día a día, por haberme permitido experimentar semejante aventura que recordaré toda la vida. Aun no dimensiono lo logrado. Aun me cuesta comprender que correr 144 km en 3 días está al alcance de muchísima gente pero que, por consecuencias de la vida, muy poca se atreve a hacerlo. Por ello, siento una gratitud espectacular.
Ojalá algún día os animéis a practicar deporte (si no lo hacéis) y a buscar vuestros límites ya que os daréis cuenta de que son más que infinitos. Todo se trata de creer y accionar en la dirección que se quiere ir. Y seguir y seguir y seguir hasta que todo se vaya dando como por arte de magia.
Para concluir, querría darle las gracias a la organización de Trail Runners El Salvador por semejante esfuerzo, ya que la organización fue absolutamente de diez. Las comidas, los desplazamientos, la marcación, los paisajes, el buen rollo… sin duda, volveremos. También me gustaría agradecerles a todos mis compañeros/as la buena acogida y el cariño con el que me trataron, así como al país, donde siempre es un gusto volver.
Ya sabéis… de cada experiencia sacamos un aprendizaje si sabemos verla con los ojos del amor. No obstante, lo más importante no será contemplar ese aprendizaje, si no aplicarlo e integrarlo en cada uno de nuestros días de aquí hasta el final.
Espero que os guste este tremendo documental, creado con todo el cariño del mundo.
¡Un abrazo enorme y nos vemos en la siguiente entrada de este blog!
