Hay carreras, lugares, países, personas y momentos que poseen una magia especial. Un aura que nace de la unión de corazones que un día soñaron con la creación de algo que trascendiera el tiempo y el espacio a través de vivencias y recuerdos en las memorias celulares de todos los valientes que se animaran a vivirlas.
Esto es lo que sucede en la PETZL TRAIL PLUS by ADIDAS TERREX, en Ecuador, una carrera que va mucho más allá de correr por senderos. Este evento se ha instaurado en el imaginario local e (cada vez más) internacional a base de esfuerzo y derroche de energía y amor.
En 2024, gracias a mi amigo y fotógrafo argentino Diego Winitzky, fue invitado a vivir por primera vez esta fiesta. Recuerdo muy bien que me encontraba en El Salvador, compartiendo un desayuno con él y me dijo: «Jorge, ¿te gustaría venir a la PETZL? Es la mayor fiesta del trail de Ecuador». No lo dudé dos veces y le dije que sí, porque si algo me caracteriza es que aprovecho las oportunidades que se me presentan delante. Lo aprendí de mi padre, trabajador como ninguno. Así que allí me planté y viví una de la experiencias más intensas y bonitas de mi vida.
Me fui del país con una idea clara: el año que viene quiero estar aquí sí o sí.
Como en la vida, si confiamos en los procesos, todo se dio de forma natural a través de Pancho (Ñeque Studio) y de Roberto, organizador de la prueba, que me ofrecieron venir a desarrollar mi arte al mismo tiempo que corría algunas distancias.
Llegó marzo y viajé hacia el país junto a mi prima María, un ser de luz como los que ya no quedan. Auténtica, mágica… y en un momento de su vida idóneo para viajar al país de los volcanes y el amor. Ecuador, un tremendo desconocido y fuertemente atacado por la prensa extranjera debido al narcotráfico y la delincuencia, aspectos que no se aprecian ni se sienten cuando se viaja hasta allí en primera persona. Juntos vivimos experiencias tan hermosas como subir al volcán Imbabura junto a Almas Salvajes, una ruta hermosa desde el volcán Gua Gua Pichincha hasta la preciosa reserva Las Palmas Rio Blanco, un ascenso al volcán Cotopaxi (aunque este lo hice yo solo y ella se quedó en el refugio), conocimos Mindo, Quito… y nos transformamos juntos a través de conversaciones, abrazos, lloros y risas.

Así llegamos hasta Baños de Agua Santa, el lugar donde tiene lugar cada abril la PETZL. El trato que recibimos fue fascinante desde el primer momento, como siempre. No puedo dejar de agradecer todo el cariño y amor que recibo del universo a través de todos vosotros y como de bien tratasteis a mi prima. Gracias.
Mi trabajo para esta edición consistía en mostrar lo que se vive en esta carrera desde todos los niveles. Desde el aire, desde el suelo y desde dentro. Crudo. Real. Además, mi misión como atleta era correr la carrera de 10 KM con +1.110m para acompañar a mi prima en su primera carrera de trail (bendito lugar eligió para correrla) y competir los 70 KM en relevos junto a mi amigo y hermano ecuatoriano Marlon Pozo. Yo correría la primera parte (45 KM con +3.300 m de desnivel positivo) y el la segunda (30 KM con +2.400 m). Ambas pruebas duras y exigentes, y más siendo el mismo día.


Primero llegó la prueba de 70 KM, la cual arranqué a las 00:00h del sábado, bajo la lluvia (no prevista). Yo estaba listo para dar absolutamente todo. Me sentía fuerte y deseaba exprimirme al máximo porque nuestro objetivo era claro: alcanzar el podium de la prueba. La lluvia dificultó mi labor porque los senderos se convirtieron en ríos de lodo y piedras, además de bajar la temperatura corporal demasiado (quizá esto fue bueno, pues ya sabéis que todo conspira siempre a nuestro favor). Me pegué a las primeras posiciones femeninas de la prueba completa porque sabía que su ritmo era el adecuado para mi: un poquito por encima de mis posibilidades pero no en exceso para quemarme. Juntos fuimos tirando, sintiendo cada parte del trazado como niños, pues la experiencia de correr bajo la lluvia es algo tremendamente enriquecedor. Recomendable al 100% para el ser humano si quiere sentir la libertad en cada poro de su piel.
Así, llegamos al amanecer después de 6 horas de duro recorrido y ya casi con las energías fundidas. Yo sabía que andaba en el 4º puesto de la clasificación aproximadamente al llegar a Lligua, lugar en el que Marlon me estaba esperando. Él había perdido la esperanza porque su cálculo (demasiado optimista bajo mi punto de vista) para mi tiempo se había excedido casi en 2 horas, pero yo le dije una frase que le cambió la mentalidad:
«Vamos cuartos, sal ahí y haz la mejor carrera de tu vida, cabrón»
Le vi cambiar la cara y salió disparado. El resto del cuento es simple de entender: pese a los calambres que fue experimentando por correr por encima de sus posibilidades (había entrenado poco por motivos laborales y familiares), remontó posiciones de una forma impresionante hasta entrar en segundo lugar en la línea de meta para cerrar una prueba impresionante de inicio (cuando decidimos inscribirnos en ella) a fin (cuando subimos a un podium soñado para ambos).


Tan solo unas horas después fuimos hasta la largada de los 10 KM y vivimos la pasión de una carrera multitudinaria. Yo estaba destruido físicamente pero ver a mi prima correr y sonreír en medio de la montaña me dio el impulso que necesitaba hasta completarla y llegar abrazados a la plaza de la basílica en el centro de la ciudad.
La experiencia fue fascinante y poco más quiero añadiros, pues en el documental que os he dejado arriba vais a ver todo lo que allí se vivió de primera mano. Sí he de deciros que todo se cumplió tal y como yo había soñado día a día en cada entrenamiento y que vivir esta experiencia siempre será algo que repetiría una y otra vez.
Gracias a Dios por regalarme algo tan lindo y por todas las nuevas historias que allí se han forjado porque, como sabéis, de una aventura siempre surgen otras (¿o eso era en las bodas? jaja).
¡Un abrazo enorme!

